Han de morir cinco poetas para que ella sobreviva; cavará, una por una, las fosas en las que sepultaría cada cuerpo de esos artistas incapaces de guardar rencor. Cada poeta pertenece a una época, y ella ya ha saltado a la siguiente. Perder el tiempo en ello es más asumible que jugar con la razón al juego de las razones: opinar y contemplar, y contemplar para opinar, sin sentir nada todavía, pero sabiendo con exactitud lo que anhela sentir.
En este mundo de desvarío, al que ha rendido apología tantas veces, hay hueco para quien sufre con el derecho de hacerlo, para quien convierte sus llantos en algo más que mera empatía, para quienes saben estremecer la fibra sensible. Para el resto, en cambio, no existen tinieblas: sus motivos son insignificantes, imposibles de padecer si a ellos les preguntan. Han de morir cinco poetas si, de esa manera, ella logra hacerse escuchar; si así su desgracia pesa más que la de otros. Que perezcan mil poetas, porque después de ello vendrá el tiempo, y después del tiempo, ya se verá.
Cinco poetas estaban a punto de morir.

Lo percibí en su mirada mustia, pues, aunque no la observase, conocía bien cómo gritan ese tipo de almas. Tuve que retirar la mía: estaba todavía frágilmente abatida. Hacerme hueco implicaba dejar atrás el que me pertenecía, el que antes había sido de carcajadas y desvelos, el que había perdido como se pierde el aleteo de una mariposa entre los dedos bajo un rayo de sol. Eran lo accesorio: las noches lóbregas, las cartas sin abrir, las preguntas silenciadas, las tardes desaprovechadas. Había que adaptarse a la era de la vulnerabilidad, del temor y de la poca inocencia. Adaptarse también a las demás, pues todas renacían y, por eso, ya no las reconocía.
Cinco poetas tenían que morir para que otros cinco emergieran. Cinco poetas eran los que ahora residían dentro de mí: el moralista, el sensato, el romántico, el clásico y, sobre todo, el solitario. Cinco poetas me bastan para reencontrar la inspiración en el ciclo de la vida; cinco poetas y una pluma para que las ideas extraviadas regresen a su cauce.
Solo cinco poetas más.

Deja un comentario